Eight Months On, We Continue to Reject U.S. Imperialist Impunity in the Assault on Maduro, Flores, and Venezuelan Sovereignty
Sep 3, 2026 – The kidnapping of Venezuelan President Nicolás Maduro and First Combatant Cilia Flores from Caracas by U.S. forces on January 3, 2026 has been a watershed moment for international law and the sovereignty of the Americas. As the U.S. operates with ever-more murderous impunity throughout the region, it is important that the movement continues to demand their freedom and stand against this intervention to preserve the foundational principles of a free and sovereign Western Hemisphere.
“We understand that a free and sovereign Venezuela, free from external coercion, is essential for the stability and self-determination of the entire Americas. The U.S. intervention, framed by officials as a response to a "narco-terrorist" regime, continues to be an act of aggression driven by strategic and economic interests,” said Tunde Osazua, National Co-Coordinator of the Black Alliance for Peace (BAP).
The U.S. desire to dismantle the current Venezuelan state is deeply intertwined with its quest for western hegemony in the region. Venezuela sits atop the world's largest proven oil reserves, and the U.S. has explicitly linked military action to a plan for its oil companies to move in and rebuild the country's energy sector for U.S. state and corporate extraction, echoing the worst excesses of 19th-century colonial plunder and over a century of U.S. imperial domination in the region. Further, this assault threatens not only Venezuela’s sovereign control over its resources, but also its organized popular forces struggling to defend and advance the Bolivarian project.
The U.S. justification for this operation is not founded in international law but in a process of lawfare designed to legitimize an illegal act. The decision to prosecute Maduro in a New York federal court on spurious drug trafficking charges, following a military abduction, reveals a kangaroo court system beholden to U.S. geopolitical interests. This lawfare – aggressive forms of which have extended to Cuba and Nicaragua, among other progressive nations – is a critical component of the broader "Donroe Doctrine" strategy. A federal indictment in 2025 designated Maduro and his government as a "Foreign Terrorist Organization" and a "drug cartel," thereby providing a veneer of legal justification for a cross-border law enforcement action.
This dangerous and illegal assault normalizes U.S. imperialism’s ability to unilaterally criminalize foreign leaders whose policies it opposes and then use military force to detain them, effectively making U.S. domestic law and use of force the supreme and unquestioned norm in the Americas. This is a direct attack on national sovereignty and a further mockery of international law, which the genocide of Gaza and the strangulation of Cuba have shown means nothing to so-called Western liberal democracies. .
Understanding this, BAP echoes the recent call by the Popular Steering Committee for a Zone of Peace in Our Americas: “We condemn the military aggression against the Bolivarian Republic of Venezuela and we firmly demand the release of the kidnapped Constitutional President of the Bolivarian Republic of Venezuela, Nicolás Maduro Moros, along with First Lady Cilia Flores, who were abducted by U.S. military forces.”
The importance of the campaign for a Zone of Peace in Our Americas has never been more urgent. The U.S. operation in Venezuela, and lack of accountability by the international community, is a direct assault on this principle. The movement to free Maduro and Flores is therefore a movement to defend the Americas as a Zone of Peace itself. It is a rejection of the idea that any nation, particularly the world's sole imperialist superpower, should be allowed to use military force to exert its will and seize resources in the region. It is a fight for a region where legitimacy is built not on the whims of imperialist power but on People(s)-Centered Human Rights (PCHRs) based on observing the principles of national sovereignty, equal rights, human dignity and self-determination of peoples.
Free Maduro! Free Cilia!
Make Our Americas a Zone of Peace!
No Compromise No Retreat!
Ocho meses después, seguimos rechazando la impunidad imperialista de EE. UU. en el ataque contra Maduro, Flores y la soberanía venezolana
3 de septiembre de 2026 – El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la Primera Combatiente Cilia Flores en Caracas por parte de las fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 ha sido un punto de inflexión para el derecho internacional y la soberanía de las Américas. A medida que EE. UU. actúa con una impunidad cada vez más sanguinaria en toda la región, es importante que el movimiento siga exigiendo su libertad y se oponga a esta intervención para preservar los principios fundamentales de un Hemisferio Occidental libre y soberano.
“Entendemos que una Venezuela libre y soberana, libre de coacción externa, es esencial para la estabilidad y la autodeterminación de todas las Américas. La intervención de EE. UU., presentada por los funcionarios como una respuesta a un régimen “narcoterrorista”, sigue siendo un acto de agresión impulsado por intereses estratégicos y económicos”, afirmó Tunde Osazua, Co-Coordinador Nacional de la Alianza Negra por la Paz (BAP).
El deseo de Estados Unidos de desmantelar el actual Estado venezolano está profundamente entrelazado con su búsqueda de la hegemonía occidental en la región. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, y Estados Unidos ha vinculado explícitamente la acción militar a un plan para que sus empresas petroleras se instalen y reconstruyan el sector energético del país con fines de extracción por parte del Estado y las corporaciones estadounidenses, repitiendo los peores excesos del saqueo colonial del siglo XIX y más de un siglo de dominación imperialista estadounidense en la región. Además, este ataque amenaza no solo el control soberano de Venezuela sobre sus recursos, sino también a sus fuerzas populares organizadas que luchan por defender y hacer avanzar el proyecto bolivariano.
La justificación de Estados Unidos para esta operación no se basa en el derecho internacional, sino en un proceso de «guerra jurídica» diseñado para legitimar un acto ilegal. La decisión de procesar a Maduro en un tribunal federal de Nueva York por cargos falsos de tráfico de drogas, tras un secuestro militar, revela un sistema judicial amañado que está al servicio de los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Esta guerra jurídica —cuyas formas agresivas se han extendido a Cuba y Nicaragua, entre otras naciones progresistas— es un componente fundamental de la estrategia más amplia de la “Doctrina Donroe.” Una acusación federal de 2025 calificó a Maduro y a su gobierno como una “Organización Terrorista Extranjera” y un «cartel de drogas», proporcionando así una apariencia de justificación legal para una acción transfronteriza de aplicación de la ley.
Este ataque peligroso e ilegal normaliza la capacidad del imperialismo estadounidense de criminalizar unilateralmente a líderes extranjeros cuyas políticas rechaza y luego utilizar la fuerza militar para detenerlos, convirtiendo de hecho a la legislación interna de Estados Unidos y al uso de la fuerza en la norma suprema e incuestionable en las Américas.
Se trata de un ataque directo a la soberanía nacional y una burla más al derecho internacional, que —como han demostrado el genocidio de Gaza y el estrangulamiento de Cuba— no significa nada para las llamadas democracias liberales occidentales. .
Consciente de ello, el BAP se hace eco del reciente comunicado del Comité Directivo Popular por una Zona de Paz en Nuestra América: “Condenamos la agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela y exigimos firmemente la libertad del secuestrado Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros, junto a la Primera Combatiente Cilia Flores, por parte de fuerzas militares estadounidenses.”
La importancia de la campaña por una Zona de Paz en Nuestra América nunca ha sido más urgente. La operación estadounidense en Venezuela, y la falta de rendición de cuentas por parte de la comunidad internacional, constituyen un ataque directo a este principio. El movimiento para liberar a Maduro y a Flores es, por lo tanto, un movimiento para defender a las Américas como una Zona de Paz en sí misma. Es un rechazo a la idea de que se le permita a cualquier nación, en particular a la única superpotencia imperialista del mundo, utilizar la fuerza militar para imponer su voluntad y apropiarse de los recursos de la región. Es una lucha por una región donde la legitimidad no se construya sobre los caprichos del poder imperialista, sino sobre los Derechos Humanos Centrados en los Pueblos (PCHRs), basados en el respeto a los principios de soberanía nacional, igualdad de derechos, dignidad humana y autodeterminación de los pueblos.
¡LosQueremosDeVuelta!
¡Hagamos en Nuestras América una Zona de Paz!
¡Sin concesiones, sin retrocesos!