For Peace in the Americas, We Must Defend Cuba Against U.S. Imperialist Warfare
The U.S. Presidential Executive Order, “Imposing Sanctions on Those Responsible for Repression in Cuba and for Threats to United States National Security and Foreign Policy,” signed on May 1, 2026, International Workers' Day, marks both an escalation of existing policy and a qualitative shift toward total economic warfare, deploying starvation as an instrument of statecraft. The timing of this escalation is not incidental. Issued amid renewed U.S. rhetoric around exerting control over Cuba, the EO signals an effort to consolidate that control in a moment of deepening crisis for U.S. imperialism.
By broadening sanctions to target any entity or individual deemed a "material supporter" of the Cuban government, authorizing secondary sanctions against third-party financial institutions worldwide, reinforcing energy constraints on fuel procurement, and invoking dubious national security designations, the Order effectively criminalizes basic economic survival. These provisions extend U.S. economic warfare beyond its borders, coercing foreign banks, suppliers, and intermediaries to cut off even routine transactions with Cuba or risk punishment and exclusion from the dollar-dominated financial system. Weaponizing the International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) isolates Cuba from the global financial system entirely, collectively punishing not just the state but every Cuban citizen seeking medicine, food, or electricity. Beyond Cuba, from Haiti to Venezuela, from Nicaragua to Grenada, the U.S. utilizes political subversion, economic coercion, and military attack to enforce ‘full spectrum dominance’ in the Americas.
Cuba is under attack because its revolutionary project poses an existential threat to U.S. hegemony. For over sixty years, a small island under the most brutal economic embargo in modern history has built a society with universal healthcare, free education, and a life expectancy that rivals the Global North's, without submitting to IMF austerity, World Bank structural adjustment, or U.S. corporate domination. The Order’s provisions targeting "foreign actors" and "security concerns" function as transparent pretexts to intensify economic strangulation at a moment of vulnerability in Cuba as it recovers from pandemic-driven tourism collapse, tighten the noose on its hard-won energy independence, and preempt any deepening relationships with China, Russia, or Global South partners.
For BAP, this Executive Order must also be understood within the current geopolitical moment. It echoes and reinforces U.S. offensives against Venezuela, aiming to break the Bolivarian Revolution, and Iran, whose own targeting under maximalist pressure campaigns mirrors Cuba’s isolation. Furthermore, the Order weaponizes dollar dependence to coerce Caribbean states into continuing to abandon their historic solidarity with Cuba, punishing regional integration. In this context, the Executive Order is a unilateral bid to shatter the emerging call for a Zone of Peace in Latin America and the Caribbean. This is why ending unilateral coercive measures (i.e., imperialist sanctions), returning Guantanamo Bay to Cuba, and dismantling the U.S. Southern Command ‘Southcom’ infrastructures throughout Our Americas are fundamental requirements for peace in the region.
This escalation follows a campaign of narrative warfare of so-called “anti-Blackness in Cuba” aimed at isolating Cuba from African nations and from African/ Black people living within the U.S. The Cuban Revolution’s deepest gift is its unbroken refusal to bend. Cuba is a living demonstration that dignity, not profit, can organize a society. Those who claim the legacy of anti-imperialism cannot be silent. Now is the time to stand with the people of Cuba as fiercely as possible. The world must answer this Executive Order not with statements, but with organized resistance.
Para Alcanzar la Paz en las Américas, Defendamos a Cuba contra los Ataques Imperialistas de Estados Unidos
La Orden Ejecutiva Presidencial de EE. UU. titulada “Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos,” firmada el 1 de mayo de 2026, Día Internacional de los Trabajadores, supone tanto una escalada de la política existente como un giro cualitativo hacia una guerra económica total, en la que se utiliza el hambre como instrumento de política estatal. El momento en que se produce esta escalada no es casual. Emitida en medio de una renovada retórica estadounidense en torno al ejercicio del control sobre Cuba, la Orden Ejecutiva señala un esfuerzo por consolidar ese control en un momento de crisis cada vez más profunda para el imperialismo estadounidense.
Al ampliar las sanciones para apuntar a cualquier entidad o individuo considerado un “colaborador material” del gobierno cubano, autorizar sanciones secundarias contra instituciones financieras de terceros en todo el mundo, reforzar las restricciones energéticas en la adquisición de combustible e invocar designaciones dudosas de seguridad nacional, la Orden criminaliza de manera efectiva la supervivencia económica básica. Estas disposiciones extienden la guerra económica de EE. UU. más allá de sus fronteras, coaccionando a bancos, proveedores e intermediarios extranjeros para que corten incluso las transacciones rutinarias con Cuba o se arriesguen a ser sancionados y excluidos del sistema financiero dominado por el dólar. El uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) como arma aísla a Cuba por completo del sistema financiero global, castigando colectivamente no sólo al Estado, sino a todos los ciudadanos cubanos que buscan medicamentos, alimentos o electricidad. Más allá de Cuba, desde Haití hasta Venezuela, desde Nicaragua hasta Granada, Estados Unidos utiliza la subversión política, la coacción económica y el ataque militar para imponer el “dominio en todo el espectro” en las Américas.
Cuba está bajo ataque porque su proyecto revolucionario representa una amenaza existencial para la hegemonía estadounidense. Durante más de sesenta años, una pequeña isla sometida al embargo económico más brutal de la historia moderna ha construido una sociedad con salud universal, educación gratuita y una esperanza de vida que rivaliza con la del Norte Global, sin someterse a la austeridad del FMI, al ajuste estructural del Banco Mundial ni al dominio corporativo de Estados Unidos. Las disposiciones de la Orden dirigidas a “actores extranjeros” y “preocupaciones de seguridad” funcionan como pretextos transparentes para intensificar el estrangulamiento económico en un momento de vulnerabilidad en Cuba, mientras se recupera del colapso del turismo provocado por la pandemia, para apretar el lazo sobre su independencia energética ganada con tanto esfuerzo y para impedir cualquier profundización de las relaciones con China, Rusia o socios del Sur Global.
Para el BAP, esta Orden Ejecutiva también debe entenderse en el contexto geopolítico actual. Se hace eco y refuerza las ofensivas de EE. UU. contra Venezuela, con el objetivo de quebrantar la Revolución Bolivariana, y contra Irán, cuya propia persecución mediante campañas de presión maximalistas refleja el aislamiento de Cuba. Además, la Orden utiliza la dependencia del dólar como arma para coaccionar a los Estados del Caribe a que sigan abandonando su histórica solidaridad con Cuba, castigando así la integración regional. En este contexto, la Orden Ejecutiva es un intento unilateral de hacer añicos el llamado emergente a una Zona de Paz en América Latina y el Caribe. Por eso, poner fin a las medidas coercitivas unilaterales (es decir, las sanciones imperialistas), devolver la Bahía de Guantánamo a Cuba y desmantelar las infraestructuras del Comando Sur de EE. UU. (Southcom) en toda Nuestra América son requisitos fundamentales para la paz en la región.
Esta escalada sigue a una campaña de guerra narrativa sobre el llamado “anti-negrismo en Cuba”, destinada a aislar a Cuba de las naciones africanas y de las personas africanas y negras que viven en los Estados Unidos. El regalo más profundo de la Revolución Cubana es su inquebrantable negativa a ceder. Cuba es una demostración viva de que la dignidad, y no el lucro, puede organizar una sociedad. Quienes reivindican el legado del antiimperialismo no pueden permanecer en silencio.
Ahora es el momento de apoyar al pueblo de Cuba con toda la firmeza posible. El mundo debe responder a esta Orden Ejecutiva no con declaraciones, sino con resistencia organizada.